La Adicción Alimentaria en América Latina

 

Debido a mi interés en el tema de la adicción a los alimentos como uno de los factores detrás de la epidemia de sobrepeso y obesidad he estado analizando los estudios que hay al respecto en Chile y América Latina. A continuación te dejo extractos de un estudio realizado para América Latina y otro para Chile. Sin embargo ambos estudios dan cuenta de la relación entre adicción y problemas de peso y del escaso análisis que se ha realizado al respecto en esta región del mundo.

A continuación te dejó extractos de un artículo aparecido en la revista biomédica Medwave 2018 Ene-Feb;18(1):e7171 doi: 10.5867/medwave.2018.01.7171 de los autores Joel Figueroa-Quiñones, Julio Cjuno.

 

Resumen del Estudio

La adicción alimentaria es un trastorno que se caracteriza por un deseo incontrolable de ingerir alimentos con alto contenido de grasas y azúcares. Esta dependencia se debe en parte, a que dichos alimentos activan el sistema de recompensa cerebral de manera similar a las drogas. Ello genera la liberación de neurotransmisores como la dopamina y oxitocina, lo cual desencadena una necesidad de repetir la conducta. En países desarrollados (Europa, Asia y Norteamérica), existen reportes de adicción alimentaria en niños, adolescentes, estudiantes universitarios, grupos de minorías sexuales, mujeres y población adulta que padecen obesidad y/o sobrepeso. En Latinoamérica, estudios realizados en Chile reportan que 10% de estudiantes universitarios sufren adicción alimentaria, mientras que en Brasil 4% de adultos tienen el mismo trastorno. Los estudios sobre prevalencias de adicción alimentaria son escasos. Asimismo, se requieren validaciones de instrumentos de diagnóstico y estudios sobre la efectividad de la psicoterapia para modificar conductas en este trastorno.

 

Introducción del Estudio

En 2016, 39% (N = 1900 millones) de la población mundial adulta mayor de 18 años de edad tenía sobrepeso, mientras que 13% (N = 650 millones) padecía de obesidad. Así también, en los últimos 41 años la prevalencia de este trastorno ha crecido de 4% en 1975 a más de 18% en 2016 [1]. En Latinoamérica, 58% de la población tiene sobrepeso y 23% padece de obesidad, afectando más a mujeres y niños .

Cada año a nivel mundial, 2,8 millones de muertes se atribuyen al sobrepeso y obesidad, pues se sabe que estos son factores clave en la aparición de enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. El incremento de la obesidad y sobrepeso en los últimos años parece deberse al cambio de los patrones alimenticios, con la preferencia de comida con alto contenido de grasas y azúcares, así como la disminución de actividades físicas, sedentarismo, globalización, migración (rural a urbana), entre otros factores .

Estudios recientes sugieren que la adicción alimentaria es la causante principal de la obesidad y sobrepeso. Según trabajos previos, la adicción alimentaria es aquel comportamiento persistente o de esfuerzos infructuosos para reducir o controlar la ingesta de alimentos, principalmente aquellos que tienen alto contenido de grasas y azúcares. Además, existen síntomas y criterios como la tolerancia y abstinencia similares al trastorno relacionado con sustancias y adictivos.

Los alimentos con alto contenido en azúcares y grasas tienen un carácter adictivo en la persona que los ingiere, debido a que activan el sistema de recompensa cerebral de manera similar a las drogas. Ello genera la liberación de neurotransmisores como la dopamina, lo que activa regiones mesolímbicas como la corteza orbitofrontal, la corteza cingulada anterior y la amígdala. Todo esto causa una sensación de placer y bienestar, reforzando la conducta de consumo, que tiende a repetirse.

 

Conclusiones del Estudio

Podemos concluir que en América Latina son escasos los estudios que evalúan las prevalencias y terapias para la adicción alimentaria y obesidad. Esta situación es preocupante, debido a que no hay suficiente información científica que respalde la adicción alimentaria. Hasta ahora creemos que esta enfermedad es causada por factores como el sedentarismo, globalización, migración y otros, conocimiento que no está equivocado pues hay estudios que así lo demuestran. Sin embargo, aún no se ha explorado la adicción a algunos alimentos con alto contenido en grasas y azúcares, sobre todo en países latinoamericanos.

 

Queda claro que la adicción alimentaria se encuentra presente en niños, adolescentes, jóvenes, población de minorías sexuales, mujeres y adultos en general, cuya característica principal es padecer de obesidad y/o sobrepeso.

 

La terapia cognitivo conductual ha mostrado brindar mejoría inmediata, puesto que modifica los pensamientos y sentimientos originados en los pacientes con adicción alimentaria. A pesar de ello, hasta la fecha no hemos encontrado ningún ensayo clínico aleatorio y controlado realizado en Latinoamérica, que evidencie estudios sobre la efectividad de alguna psicoterapia para la adicción alimentaria. Por tal motivo, aún no existiría un tratamiento clínico o terapéutico sustentado por este tipo de investigaciones científicas.

 

Lo anterior podría complicar seriamente a los pacientes que padecen de adicción alimentaria. Esto porque al no tener claro un diagnóstico específico y un tratamiento avalado por la ciencia, podríamos estar realizando tratamientos equivocados cuyos resultados no serían nada favorables para la salud pública latinoamericana y mundial.

 

En consecuencia, los profesionales latinoamericanos dedicados a la salud mental tienen un rol protagónico en el trastorno de adicción alimentaria, puesto que deben desarrollar criterios de diagnóstico específicos para esta enfermedad. Ello permitirá identificar este trastorno de manera más eficiente. Además, es importante el diseño de nuevos tratamientos basados en el entrenamiento del autocontrol y manejo de emociones implicadas en la adicción alimentaria [13]. Asimismo, deben explorar la efectividad de terapias que ayuden en la mejoría clínica, junto con brindar un trato humano.

 

En aras de mejorar las políticas de salud pública, los investigadores y universidades deben promover a “la adicción alimentaria” como línea de investigación para conocer su prevalencia en la población latinoamericana ya que, hasta la fecha, se desconoce este dato.

 

 

Caso de Chile

 

En el año 2015 se publicó el estudio Asociación entre adicción a la comida y estado nutricional en universitarios chilenos[1]. El estudio señala que los alimentos ricos en calorías, especialmente ricos en azúcar y sodio, pueden tener un potencial adictivo. Las ratas experimentales pueden desarrollar síntomas y cambios neuroquímicos, comparables a los observados en el abuso de drogas, cuando se exponen intermitentemente a sacarosa.

El objetivo del estudio era evaluar la asociación entre el estado nutricional y la prevalencia de la adicción a la comida en estudiantes universitarios chilenos. La adicción a los alimentos se evaluó mediante la Escala de Adicción a los Alimentos de Yale en 292 estudiantes chilenos de entre 18 y 39 años (35% hombres). Se midieron la altura y el peso y se calculó el índice de masa corporal (peso / altura2).

 

El estudio señala que la obesidad resulta de un desbalance entre la ingesta y el gasto energético que se produce por la interacción entre factores biológicos y ambientales que favorecen un exceso de ingesta. Dentro de los factores condicionantes del peso corporal se encuentran la disminución de la actividad física y el sobreconsumo de alimentos de alta palatabilidad y elevada densidad energética. De éstos, el sobreconsumo de alimentos se describe como el preponderante. Este puede ocurrir en algún grado en todos los individuos; no obstante, una proporción de ellos puede desarrollar un consumo obsesivo compulsivo hacia ciertos alimentos. Estos individuos consumen crónicamente mayores cantidades de alimentos que los que requieren para mantener la salud y muestran comportamientos de ingesta compulsiva y pérdida de control sobre los alimentos.

En 1956, Randolph describió la existencia de individuos que presentaban síntomas relacionados con los alimentos, con un patrón similar a lo observado en la adicción. Dentro de esta sintomatología se observaba una adaptación a ciertos alimentos consumidos regularmente. Posteriormente, modelos adictivos fueron descritos para el consumo de maíz, avena, leche, huevos y papas. Desde entonces, se desarrolló una teoría que plantea que alimentos altos en calorías, ricos en azúcares, podrían tener un potencial adictivo. La repetida exposición a ciertos alimentos, particularmente alimentos de elevada densidad energética, en individuos vulnerables puede desencadenar un consumo compulsivo y un bajo control sobre la ingesta.

Se han estudiado paralelismos entre la dependencia de sustancias y el excesivo consumo de alimentos hiper-palatables. Debido a esto, se ha argumentado que la obesidad debiera ser considerada como un desorden a nivel cerebral, e incluida como categoría diagnóstica en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V).

Estudios en animales muestran que cuando las ratas tienen acceso a azúcar, grasa o alimentos procesados, desarrollan una alteración en mecanismos neuronales relacionados con el refuerzo que están involucrados en la adicción. También se ha observado que desarrollan comportamientos adictivos como tolerancia, abstinencia, consumo excesivo y uso continuo de una sustancia, a pesar de presentar problemas físicos (shocks eléctricos). En humanos, la obesidad y la dependencia de sustancias ha sido relacionada con algunos marcadores neurológicos, como menores niveles de expresión cerebral del receptor 2 de dopamina DRD2. El fundamento biológico de la adición a la comida proviene de que tanto el consumo de alimentos como el consumo de drogas desencadenan la liberación de dopamina en regiones meso límbicas (corteza orbito frontal [COF], amígdala, ínsula, stratium y corteza cingulada anterior [CCA]) y el grado de liberación tiene una correlación positiva con el grado de refuerzo subjetivo de los alimentos y drogas. Estudios en humanos muestran que individuos con dependencia de sustancias tienen mayor activación en regiones cerebrales que codifican el valor del refuerzo de un determinado estímulo (ej.: COF, amígdala, ínsula, stratium y CCA) en comparación a individuos sin dependencia. Concordante con esto, se ha observado que individuos obesos versus normopeso muestran mayor activación en la COF, amígdala, CCA, stratium, e hipotálamo medio-dorsal, en respuesta a estímulos de alimentos. Para poder evaluar este rasgo, Gearhardt y cols (2009) desarrollaron un instrumento psicométrico (Yale Food Addiction Scale; YFAS) basado en el DSM-IV-TR para operacionalizar el constructo de “adicción a la comida”. Este cuestionario permite diferenciar individuos con y sin un patrón adictivo a una determinada sustancia (alimentos de alta palatabilidad).

El uso de este instrumento muestra que mayores puntajes de adicción a la comida se correlacionan con una mayor activación de regiones que están implicadas en la dependencia de sustancias, en respuesta a determinados alimentos. Utilizando este cuestionario se ha explorado la prevalencia de “adicción a la comida” en pacientes con desórdenes alimentarios, pacientes obesos y universitarios. El objetivo de esta investigación fue evaluar la asociación entre el estado nutricional y la prevalencia de la adicción a la comida en universitarios chilenos.

Los principales síntomas descritos en la literatura al evaluar la adicción a la comida son: 1) deseo persistente o esfuerzos infructuosos por controlar o interrumpir el consumo de la sustancia; 2) uso continuo de la sustancia a pesar de problemas psicológicos o físicos; y 3) empleo de mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención y consumo de la sustancia o recuperación de sus efectos. Recientemente se ha mostrado que estos 3 síntomas fueron presentados en pacientes obesos con Binge eating disorder (BED)Estos resultados son concordantes con lo observado en la investigación chilena.

La comprensión del sobreconsumo como un potencial desorden adictivo proviene de estudios en animales y estudios de neuro-imágenes realizados en humanos. Estos estudios muestran que los alimentos de alta palatabilidad, altos en azúcar, grasa y sal, tienen efectos similares al de algunas drogas adictivas, en el cerebro. En este sentido, individuos adictos a drogas, consumidores compulsivos e individuos obesos muestran reducciones en la actividad dopaminérgica, pobre control inhibitorio y reducida sensibilidad al placer. Un estudio realizado por Wang et al. mostró que los sujetos obesos mórbidos (IMC > 40 kg/m2), tenían menor disponibilidad del receptor 2 de dopamina DRD2, proporcional al grado de obesidad. En otras palabras, los sujetos con menor densidad de receptores tenían mayor IMC. Esto es consistente con los hallazgos de que el bloqueo de DRD2 (medicamentos antipsicóticos) incrementa el consumo energético.

Se han encontrado similitudes y paralelos en las vías de funcionamiento neuronal, entre la obesidad y la dependencia de sustancias (drogas). Se ha descrito que el sobreconsumo de alimentos y drogas son regidos por las propiedades reforzadoras o gratificantes, las que envuelven el sistema dopaminérgico. De esta manera, los alimentos activan el refuerzo cerebral por medio de la palatabilidad (mecanismo que envuelve opioides y canabinoides endógenos) y por medio del aumento de la glucosa e insulina (produciendo aumento de dopamina), mientras que las drogas activan el mismo circuito por una vía farmacológica (efectos directos en células dopaminérgicas). Se cree que la repetida estimulación de la vía del refuerzo mediada por dopamina desencadena adaptaciones neurobiológicas en otros neurotransmisores y circuitos que conllevan a aumentar el comportamiento compulsivo y pérdida de control sobre alimentos y drogas. Se ha estudiado que reducciones en los niveles del receptor 2 de dopamina stratial, se asocian con disminución de actividad metabólica en la COF, corteza gyrus (CG) y corteza dorso lateral (CDL). Dado que estas regiones están involucradas en el control inhibitorio y en el procesamiento emocional, se ha postulado que una desregulación por dopamina, puede llevar a pérdida de control sobre la ingesta y alteración en la emociones.

 

El estudio dio como resultado que el 11% de los participantes cumplieron los criterios para la adicción a la comida. Las mujeres tenían una prevalencia más alta que los hombres (14.4% y 4.8%, respectivamente). El treinta por ciento de las personas con un índice de masa corporal superior a 30 kg / m2 cumplían los criterios para la adicción a la comida.

El estudio concluye que en estos estudiantes chilenos, la adicción a la comida fue más frecuente en las mujeres y se observó una mayor prevalencia en las personas obesas.

 

Post relacionados

Señales de adicción a los alimentos 

[1] Obregón A, Fuentes J, Pettinelli P. [Association between food addiction and nutritional status in Chilean college students]. Rev Med Chil. 2015 May;143(5):589-97. | CrossRef | PubMed |

 

Recent Posts

Menú